SHUT YOUR MOUTH AND LET YOUR STYLE DO THE TALKING

25/3/2014

MUSIC: Who run Barcelona? Beyoncé!

Beyoncé ayer en el Palau Sant Jordi, Barcelona, interpretando uno de los primeros temas de la noche. Fotografía de 
Robin Harper. Via: beyonce.com

"¿Por qué cantará Beyoncé que el mundo es de las chicas cuando lo que en realidad quiere decir es que el mundo es suyo?" Esto es lo que me preguntaba yo ayer a eso de las 21:20h mientras The Mrs. Carter Show World Tour aterrizaba en el Palau Sant Jordi de Barcelona al son de Run the World (Girls). La cosa no podía empezar mejor ni de forma más previsible; la reina Bey surge de debajo del escenario como una Virgen Iluminada vestida de Tom Ford, y empieza a sacudir esas caderas que su Dios le ha dado como si quisiera destruir el pabellón a base de ondas expansivas. "Bien, me espera una convencional noche de danza frenética y grandes éxitos hasta que la rubia de muslos poderosos y 3.1 octavas diga basta", pensé muy satisfecha para mis adentros. Tardaría pocos minutos en darme cuenta de lo equivocada que estaba.

Cuando mi asiento y yo nos vimos las caras por primera vez, lo miré con una sonrisa condescendiente como diciendo "Creo que hoy no voy a necesitarte, amigo". Pero entonces, antes siquiera de que me diera tiempo a alzar mi puño de partisana del girl power y gritar "We run the woooooorld!", la imaginería beyonceniana ya se había apoderado de mí. Cómo agradecía ahora que mi amigo el asiento estuviera allí para recoger mi fatigado trasero mientras me concentraba en admirar aquel despliegue de estímulos audiovisuales orquestados por la señora Carter. Eché un vistazo a mi alrededor y me di cuenta de que los 18.000 espectadores del Palau Sant Jordi habían sucumbido también al mismo trance. Inmóviles como estatuas y smartphones en mano, casi ni pestañeaban para adorar con la mirada a la que ya era más que una estrella del pop o una diva; era una divinidad  a través de sus ojos.

A pesar de mi pronta reconciliación con el sillín, seguí meneando el esqueleto a la mínima oportunidad, pero procurando que no se me escapara ni una imagen, ni una sola palabra del discurso profeminista de Chimamanda Ngozi Adichie ni de la clase magistral de seducción de la mismísima Beyoncé (Seduction is much more than beauty; it is generous, it is intelligence, it is mysterious, it is exclusive). Si parpadeabas, te lo perdías.

Y por si no fuera suficiente, la de Houston nos mantuvo en tensión a lo largo de la casi hora y cuarenta minutos de concierto; justo en el momento en que pensaba que me iba a dejar tararear una canción, Beyoncé la cogía y hacía lo que le daba la gana con ella, y justo cuando mis pasos de baile se habían acomodado al patrón rítmico de un tema, éste metamorfoseaba y se transformaba en el siguiente con total naturalidad. 

Quizás el único factor auténticamente predecible de este show barcelonés (y debo suponer que el de cualquier ciudad en el itinerario del Mrs. Carter Show World Tour) fuera que los instantes míticos sucederían con una canción marchosa de fondo. Mi Beyoncé se crece ante la dificultad, y eso de bailar y cantar al mismo tiempo le pone a mil (y se nota); ***Flawless, Blow (el momento de comunión visual y sonora más perfecto de todo el show),  Partition, Drunk in Love (aunque se echó de menos al maridísimo Jay-Z), Why Don't You Love Me? (con una interpretación más tradicional, se hubiera llevado el podium de mi corazón...), Crazy in Love, Single Ladies (Put a Ring on It) (hitos indiscutibles de la noche) y Love On Top (soberbia ejecución vocal de la tejana) insuflaron energía eléctrica en los cuerpos de todos y cada uno de los presentes. Con los baladones, por otra parte, se veía venir que ocurriría justo lo contrario; me pasé el día entero rezando para que no nos tocara un I Will Always Love You, pero no hubo suerte... Si no hay nada mejor, dadme ñoñerías azucaradas y canciones lentas como esa, podré soportarlo. Pero ponerlas donde se podría haber marcado un Grown Woman o un End of Time (¡nuestra canción, Valeria!) me parece sencillamente inexcusable. Donde esté la Beyoncé bailonga y guerrillera que se quiten el resto.

¿Algún reproche serio que hacerle a Yoncé por su actuación de anoche? Sí, que es impecable, aunque no estoy segura de que eso se pueda considerar algo reprochable. La precisión de reloj suizo con la que controla cada tiempo, cada paso de baile, cada posturita, cada mueca y cada grito, quejido o gruñido hacen que me pregunte dónde queda el sentido y la razón de ser originales de ver a un artista en directo. Una acudió al concierto deseando ver las entrañas de Beyoncé Knowles, con ganas de sangre y vísceras, de observar cómo las lágrimas y el sudor se mezclan en sus mejillas y de oír cómo se le rompe la voz, pero a cambio sólo obtuve perfección. ¿Qué diferencia hay, pues, entre verla en vivo o en uno de esos portentosos videoclips que acompañan a su último trabajo discográfico BEYONCÉ (2013)? Bueno, que en el segundo caso puedes llevártela en el móvil y verla cuando quieras y en el primero, no.

Lo que está claro es que Barcelona fue suya por unas horas, como lo fueron antes muchas otras ciudades y como lo es el mundo en general. Así que no queda otra; como dice mi Beyoncé, bow down, bitches.

Ayer: Beyoncé y Barcelona juntas por fin. Via: beyonce.com


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20/3/2014

I decided not to park here

Inspiration

"Fargo (1996), Joel and Ethan Coen, Coen scenery, Coen talk, Coen looks, Coen states, the Coen way of life, Carl Showalter, Steve Buscemi aka the best, Jerry Lundegaard, William H. Macy, Marge "Margie" Gunderson, Frances McDormand aka the best, Minneapolis Minnesota, Bismarck North Dakota, Nevada (close enough), Minnesota nice, Minnesota accent, "Yah, you betcha", Minnesota home of the legends, The Freewheelin' Bob Dylan cover, Don't Think Twice, It's All Right, Minnestoa native americans, Dakota Sioux tribe,  Ojibwe tribe, Dead Man (1995), cowboys, full winter, huge leather pants, knitting, wandering spirit,  wanderer, Rambling Man, a bit of a loner, charms and talismans"















Zara cap, Mango coat, H&M scarf, woolen vest knitted by grandma, H&M t-shirt, H&M bottle necklace, 
Bijou Brigitte goat ring, Blanco belt, vintage leather pants, H&M socks, Neosens shoes




Aquellos que hayan visto Fargo (1996) más de cinco veces habrán notado cómo la escena del “he decidido no aparcar aquí” (y, bueno, cualquier escena que implicara a Steve Buscemi o Frances McDormand en general. Qué rabia da que esos dos no compartan ni un solo plano en toda la película) parece mejorar con cada visionado. Es posible que semejante apreciación esté contaminada por una ligera obsesión con Steve Buscemi y su noble manera de blasfemar. Pero no tiene por qué; el señor de los tickets de la sonrisa siniestra también hace un papelón.

Siempre que la veo me imagino a mí misma poniendo voz de Steve Buscemi y soltándole el discursito a las señoras con chaleco que viven en los museos y cuya misión vital es bloquearte el paso a las exposiciones de pago, o a los cajeros del Ikea que te cobran esas bolsas de papel de fumar que no aguantan ni una puñetera lámpara JANSJÖ, o a las dependientas del Zara que no te dejan pasar al probador con más de 6 prendas.

“Supongo que te creerás un tipo con autoridad por llevar esa mierda de uniforme. El jefe supremo del ________ (parking/ museo/ Ikea/ Zara), ¿eh? Esa es la máxima aspiración de tu jodida vida; llegar a ser el rey de esta garita. ¡Toma tus cuatro dólares! Vaya mierda de tío…”

A parte de esta inocua fantasía mundana mía, Fargo es mucho más que una reliquia audiovisual hasta la que rastrear los orígenes del normcorismo norteamericano (si no sabéis lo que es el normcore haced click aquí porque estáis más out que los piercings en la ceja); como pasa con todas las películas de los hermanísimos (aunque puede que con esta alcanzaran el cenit de su propia idiosincrasia coeniana), su delicada belleza se atrinchera bajo una capa de 8 metros de mierda amoral, basura de trastero, sangre coagulada, tierra, polvo, gilipollez nivel Courtney-Love-encontrando-aviones-malasios-desaparecidos y/o psicosis nivel lobotomía. Es como envolver un Rolls-Royce en un saco de patatas gigante; a primera vista no parece gran cosa, pero si te acercas y palpas un poquito... Madre del amor hermoso, ¡es un puto Rolls-Royce Silver Ghost! ¡Una máquina perfecta en todos los sentidos!

Gaear Grimsrud (Peter Stormare) y Carl Showalter (Steve Buscemi), el dúo dinámico de Fargo (1996) (la parte 
dinámica la pone toda el pobre Carl). Via: blog

Aquí se muestra una imagen de Carl Showalter (Steve Buscemi) creyéndose muy listo. Via: blog

Margie Gunderson (Frances McDormand), jefa de policia de Brainerd, Minnesota. Una tia cojonuda con C 
mayúscula. Via: blog
El pobre Gaear ya había meado tres veces mientras esperaba al impresentable de Jerry Lundegaard... Via: listal.com
... y tenía sueño. Via: oscarmovs.com
Carl Showalter apunto de desquiciarse y corromperse por completo. "I gave simple fuckin' instructions!", dijo, 
pero nadie le hizo caso... Via: blog

Para este outfit la intención era básicamente disfrazarme de Carl Showalter. Pero me di cuenta de que no tenía ningún jersey de cuello alto de color amarillo crema pastelera (¡mecachis!), así que me vi obligada a darle un par de vueltas más a esta cabecita. Y fue entonces cuando me acordé de Dead Man (1995), que debe ser una de las películas más brillantes y más ignoradas de los noventa; un western contemporáneo que implica a un Johnny Depp pre-Piratas del Caribe (es decir, un Johnny Depp pre-a-ver-qué-hago-en-esta-peli-para-parecer-un-esquizoide-amanerado), Billy Bob Thornton, Iggy Pop disfrazado de  abuelita de Caperucita Roja y musicote en directo des de las entrañas de Neil Young.
La conexión del Medio Oeste norteamericano entre ambas películas estaba más que clara; Minnesota, Ohio, capas y capas de ropa, abrigos de piel girada con borreguito, botas para ir a pastar con las vacas y cosas lanosas en general. Pero con Dead Man podía entrar en el juego boho-índio americano, y colgarme talismanes y abalorios con turquesas por todas partes, fingiendo que tienen algún tipo de significado místico que me comunica con la madre naturaleza y esas cosas tan bonitas que se creían los Sioux. En el cinturón pone Nevada porque pensé que hacía falta introducir algún elemento de vaquero del oeste de verdad, tipo los de Brokeback Mountain (2005), y el chaleco lo hizo mi abuela/artista polifacética, y no os podrías creer lo divino que es si lo vierais en persona.

William Blake reencarnado (Johnny Depp) apunto de morirse en la tradición nativa americana en 
Dead Man (1995). Via: site
Nadie (Gary Farmer) y William Blake (Johnny Depp). Via: toutlecine.com
Johnny Depp a lo boho, pensando en Kate Moss o algo así. Via: blog
El legendario Toro Sentado, hombre de medicina y jefe de la tribu Sioux. Los señores importantes
de verdad no pueden ir por ahí sin sus collares. Via: sonofthesouth.net
Y con esto y con Toro Sentado empiezo a despedirme con gran pesar de los looks invernales. Maldita primavera... Recordad; ¡dejad que vuestro estilo hable por vosotros!

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9/3/2014

Well I wish I was in London

Inspiration

"London town, streets of London, londoners, there's no place like London, London is my dwelling place, why do we live in this strange grey town?, I heard so much about London I decided to check it out, the tube, the underground, "please mind the gap", "the next station is Earl's Court, change for the District and Piccadilly lines", "the next station is Holborn, change for the Central and Piccadilly lines", "sorry", "excuse me", "beg your pardon", "excuse me, you dropped your jacket", Oyster card, King's Cross St. Pancras, very British, London street style, London Fashion Week, effortlessly cool, I woke up like this, London vs. New York, houndstooth, dogstooth, puppytooth, bowler hats, bob hats, woolen jackets, Chanel Spring/ Summer 2014, shoes + socks = shocks, The Importance of Wearing Quirky Socks, gold  is gold, Handsome Molly"









Blanco hat, H&M necklace, vintage jumper, maxi cardigan designed by mum, Mango belt, Blanco 
clutch, Mango bracelets, Cortefiel pants, H&M socks, Mango heels


Pienso en Londres casi todos los días con neblinosa nostalgia. Suelo dedicarle mi primer pensamiento del día y también el último. Londres es el hogar en el que apenas he vivido. Es la casa que me espera al norte del mundo. Decía Samuel Johnson (el escritor inglés) que cuando uno se cansa de Londres, es que se ha cansado de la vida. Y Kerouac, que Londres es un señor independiente que fuma pipas en un pub (eso está bastante claro; un lugar tan encantadoramente desordenado, idiosincrásico y con moquetas en el cuarto de baño sólo podía ser un hombre. Un hombre terriblemente afeminado, pero hombre, al fin y al cabo). Londres es difícil, pero al final es como Dios, que aprieta pero no ahoga. Te las hace pasar canutas al principio, aunque sabe suavizarlo todo con su celebérrima british politeness; no pone una zancadilla sin un sorry detrás (¡y pone muchas!), pero en cuanto te vea lo suficientemente rebozada de mugre de las aceras de la calle y te haya regurgitado unas cuantas veces, te cogerá, te levantará y te dará lo mejor de sí. Así es Londres, se hace de rogar, el tío, pero vale la pena.

Una de las cosas que más me gustan de Londres son los viajes en metro. Clavarme en un rincón del vagón, casi ahogándome bajo el silencio de la aglomeración inglesa (nada que ver con la estruendosa naturaleza de las multitudes ibéricas) y observar a la gente. De buena mañana y a la altura de mi cabeza no solía haber nada excesivamente estimulante, estilísticamente hablando; negro, gris, negro, gris, más negro y más gris, muchas corbatas, trajes arrugados y dentaduras torcidas y amarillentas (ni sonrisas profident ni americanadas de ese tipo). Pero echabas la vista abajo y... ¡vaya! ¡Festival de color y excentricismo en el Londres sur! Parecía como si en el metro de la capital, a eso de las 8 de la mañana, se implantara un código de vestimenta ultraestricto que exime a los calcetines de cualquier norma protocolaria. De luto cromático de la cabeza a los tobillos, pero si no dejas asomar unos calcetines mostaza con topos violetas y verdes entre los pitillo y los oxfords... Bueno, en seguida notarán que no eres de allí.

El Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas (por ahí estará) William Gladstone inspeccionando la línea
de metro junto a directores e ingenieros de la Metropolitan Railway Company, 1854 o así. Via: bbc.co.uk
Pasajeros celebrando el triunfo del progreso tecnológico mientras pasan por la estación de Portland Road
durante un viaje de prueba del metro londinense en 1863. Via: heraldsun
Interior de un vagón del metro de Londres allá por los años 1920. Está casi igual que ahora. Via: heraldsun
Foto tomado por un tipo de Whitechapel llamado Bob Mazzer. Via: dailymail.co.uk
Piccadilly line, estación de Green Park, 1971, por Bob Mazzer. Via: dailymail.co.uk
"La juvetud de hoy en día...", por Bob Mazzer. Via: dailymail.co.uk
Bob Mazzer. Via: dailymail.co.uk
El colonel del metro, por Bob Mazzer. Viadailymail.co.uk
Bob Mazzer (izquierda) haciéndole una foto al tipo del sombrero a su izquierda y, sin querer, tomando uno 
de los primeros selfies de la historia (en 1970). That's history in the tube for ya. Via: dailymail.co.uk

Estación de Stockwell, por Bob Mazzer. Via: dailymail.co.uk
Punkis fumándose un peta in the tube, años 1980s. Estas no estaban a las 8 de la mañana, normalmente. Via: blog
Underground for Business or Pleasure; FE Witney, 1913. Via: telegraph.co.uk
The lure of the Underground; Alfred Leete, 1927. Via: visualnews.com
Brightest London is best reached by Underground; Horace Taylor, 1924. Via: visualnews.com
 Please stand on the right of the escalator; Fougasse, 1944. Viavisualnews.com
Como muy bien señaló la deidad suprema de las man repellers Leandra Medine en otro de sus cientos de brillantes artículos hace unos cuantos meses, lo que distingue (y para muchos, coloca a años luz de distancia) al New York del London street style es la falta de pretensión. Nueva York es abrumador, espectacular, rimbombante, luces, chiribitas y todo el percal, pero le hueles el miedo a 10 manzanas de distancia; está siempre más calculado que la demostración de los teoremas de Mohr. En cambio Londres... ¡Ahhh...! Londres es, como dice mi Beyoncé, la encarnación del I woke up like this elevada a la enésima potencia; se levanta, se pone lo primero que pilla y le sale así de bien. London es fresco en una acepción de la palabra que no aparece definida ni en la Enciclopedia Británica, es colorísticamente apagado y saturado hasta el delirio de texturas. Es viejo y nuevo a la vez, tiene tanta solera como vanguardismo. Es, en definitiva, la máxima expresión del europeísmo estético. Es tremendamente guay, y lo mejor es que parece no darse cuenta. London es el alumno aventajado del estilo callejero, mientras que New York es un empollón anfetamínico y muy molón. Pero ya sabéis lo que dicen; aunque el empollón se vista de Vivienne Westwood, empollón se queda.

No estoy segura de que el outfit de hoy encaje a la perfección con lo que acabo de definir como London street style, pero tampoco está ni la mitad de estudiado que un New York, y se compone básicamente de gris, negro, más gris y más negro, un bombín, pata de gallo sobre pata de gallo (recordad: yuxtaposición de estampados = europeísmo químicamente puro), cosas holgadas y arremangadas de mala manera y calcetines con zapatos de tacón. El pesado de Karl Lagerfeld se cree que ha inventado algo con lo de los shocks (shoes + socks = shocks, o lo que es lo mismo: zapatos + calcetines = zapalcetines. O algo así) de Chanel primavera/ verano 2014, pero no es nada que no haya visto yo por las Ramblas en agosto miles de veces, cuando llega la british invasion veraniega a tostarse en las playas de Barcelona. Pero me ha salido bastante bien la jugada, modestia a parte; los calcetines con purpurina dorada se ligan perfectamente con los zapatos bling bling (actualmente muy obsesionada con ellos, como habréis notado). La obra de orfebrería dorado que llevo colgada ya la habías visto, y mención especial para el maxi cardigan designed by mum con la artistry que la caracteriza.



Perdonadme por ser tan pretenciosa (o lo que es lo mismo, tan New York) con las palabritas en inglés intercaladas a lo largo de esta entrada. It won't happen again (No volverá a ocurrir). I promise (lo prometo). Ups, sorry! Recordad; ¡dejad que vuestro estilo hable por vosotros!

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