SHUT YOUR MOUTH AND LET YOUR MIND DO THE TALKING

24/4/15

MUSIC: 1886, invocando espíritus indígenas desde Sant Just Desvern


1886, de izquierda a derecha, Pau Bassedas (voz y guitarra), Pol Gómez (guitarra), Marc Fàbregas (batería) y Pol Ventura (bajo), el 9 de 
abril en la sala BARTS barcelonesa, como parte del cartel del festival Guitar Bcn 2015. Fotografía de Francesc Fàbregas. Via 1886

"No, ¡que va en serio!", les insistía a los de mi grupo de melómanos cuando se los presenté. "No son ninguna vieja gloria del rock psicodélico que, accidentalmente, cayó por un agujero del colador de leyendas pop fabricado por el periodismo piji-porreta de Creem y Rolling Stone a finales de los sesenta. Aunque parezca mentira, no, no lo son".

"No fueron la niña bonita en la clandestinidad del San Francisco beatnik, injustamente postergada al olvido y forzada a alimentar su vanidad a base de puntuales demostraciones de amor públicas de los pseudo-fans del artista de culto, escobando las migajas de reconocimiento que caen por las comisuras labiales de los enemigos de Times Square y del corte de pelo a cepillo, sobreviviendo miserablemente en un puñado de subconscientes inadaptados hasta este año 2015 de Nuestro Señor. Desterrados en un desván de mitos underground con sabor añejo, bajo una capa de polvos grises que dan tos y de otros blancos que dan risa, en el cruce de Haight con Ashbury Street de la memoria musical colectiva. Ahí es donde creeréis que podríais encontrar a 1886, pero no, mucho me temo que no lo lograríais. ¡Tíos, no bromeo, de verdad!".

Tal cual se lo conté, vía grupo de WhatsApp y con unos cuantos emojis intercalados. Entonces les dije que, además, eran de aquí al lado, de Sant Just Desvern, y que los cuatro debían de rondar la veintena más temprana. Me tomaron automáticamente por loca, flipada, que si había aspirado un rastro del humillo espiritoso al que huelen las canciones de su primer largo, Before the Fog Covers the Mount (2015) (lanzado por Bandcamp a principios de enero, en compact disc desde hace unos días y próximamente editado en formato vinilo por Helmet Lady Records). Tampoco los culpo; estos chicos de 1886 tienen un talento atípico como máquinas del tiempo sónicas, acentuado por la lejanía espacio-temporal de sus circunstancias cronológicas y geográficas. Capturan lo bueno, lo mejor y lo superior de la crisis transicional entre la América pre y post Altamont, y escriben desde Barcelona con desamor a los "viajes" más lúgubres de Jerry García (Grateful Dead), Grace Slick (Jefferson Airplane), Big Brother & the Holding CompanySteppenwolf y Quicksilver Messenger Service. La herencia de la escuela anglicana también hace mella en ellos; hay pasajes de The Seed of Feed que, pese a su elementalidad instrumental, dan mucho las gracias a Cream y a Blind Faith. Sin embargo, y aun siendo cierto que los oídos pitan a ratos de lo progresivos que se ponen, les falta un trecho de pedantería como para sonar 100% europeos. Esto sin considerar los ecos difuminados al Krautrock de una versión conservadora de Can (compárense bichos raros como Flying Whales & Swimming Birds con Bring Me Coffee or Tea de los alemanes), componente que señalaría como responsable involuntario de apartar a 1886 de lo burdamente revival y aproximarlos a una extrañeza sonora bastante impropia de su género. 

Porque para revivir épocas doradas ya existen Radio Moscow, que son unos hachas en lo suyo pero que no hacen casi nada que no hiciera Jimi Hendrix con los dientes y por la espalda cincuenta años atrás. 1886 proponen algo superior a la simple aliteración musical, algo así como un triple puente entre la densidad y la mitología late 1960s, la ambigüedad genérica contemporánea y el rifirrafe entre lo tosco y lo melódico del grunge (esto último se evidencia con mayor desvergüenza en temas como The Birth of the Truth, de su homónimo EP debut, 1886 (2014)). Atrapan con acierto el componente acid de ese stoner rock de enciclopedia ejecutado por grupos como Clutch en los noventa, aunque de forma mucho menos primaria y más introspectiva. Si Pearl Jam hubiesen surgido del mismo Seattle que Hendirx, probablemente sonarían exactamente como este cuarteto de catalanes; ejecuciones lánguidas, casi perezosas, aunque sentenciosas en su mensaje final; atmosferas que se arrastran demasiado como para poder considerarse heavy; espesor y autocomplacencia sin llegar al blues; cadencias con portentoso carácter, hecho que los deja fuera del círculo polar alternativo. Y ya no se sabe si a posta o de pura casualidad, pero la voz de Pau Bassedas evoca a un Eddie Vedder en sus horas más maduras, graves y vulnerables (Severed Hand).

Luego, como puntilla, añadir que su modesta parafernalia visual (esto es, la portada del álbum hippie-trippy-selvática, según hacen constar diseñada por Ignasi Clemares) está bastante cuidada y les suma credibilidad, cosa que, a pesar de parecerlo, no es asunto baladí; si se han tenido los cojones y el esnobismo suficientes para infiltrarse en una escena musical que no corresponde ni por lugar ni por fecha de nacimiento, ténganse también para llevarlo hasta las últimas consecuencias y tratar de mimetizarse con el entorno, joder, basta ya de Russian Reds y acentos ingleses de mierda en este puto país.

El 9 de abril, alrededor de las veintiuna horas y en el marco del festival Guitar Bcn, nos presentamos en  BARTS, que es la típica sala medio moderni medio solariega que, simplemente, mola. Cuando nos cansamos de mirar los paraguas que cuelgan del techo y los radiocasetes incrustados en la pared, nos da por preguntarnos por qué 1886 se llaman 1886. Metemos la cifra en el buscador de la Wikipedia, a ver qué sale, y la entradilla no cuenta nada excesivamente estimulante: "1886 fue un año normal comenzado en viernes según el calendario gregoriano", rezaba. Comenzar un año en viernes da buen rollo y tal, pero contestar semejante parida en una entrevista cuando te preguntasen por el nombre de tu banda sería una ramplonería de campeonato; era imposible que no existiera un motivo con más sustancia. Finalmente, contrastando fuentes por Google, descubro que el origen de 1886 cabe rastrearlo hasta una película del gusto de sus integrantes que narra las Guerras Apaches, último conflicto bélico supeditado a las denominadas Guerras Indias, iniciado en 1861 y acabado, sí, efectivamente, en el año 1886 d.C.

Con el "modesto" propósito de invocar a las almas indígenas que perecieron durante dichas masacres, 1886 aparecen en escena e intentan por fin abrirse paso a través del runrún que inunda BARTS, no sin cierta timidez. Durante los primeros temas, se dieron problemas de comunicación técnica entre la centralita y el espacio vital del bajista. A partir de la tercera y cuarta canción, las ruedas parecían estar ya suficientemente engrasadas y empezaron a rodar; se regalaron, como cabía esperar, con toda la crema guitarrera del Before the Fog Covers the Mount, intercalada con alguna del EP predecesor (grandilocuente y melancólica Song for Lucy & Concerns) y la grata sorpresa de una versión de The Witch Queen of New Orleans de Redbone, con la que dejan translucir su debilidad por todo lo nativo americano. En vivo todavía más que en el álbum, se añoran profundizaciones serias en pasajes ácidos al estilo Ram Jam, como sucede con el último tercio de Breakdown, aunque su deliberación, por lo general, fue precisa y contundente a lo largo de todo el concierto. Destacó por encima de cualquier cosa (en este caso sí, con la misma impepinabilidad tanto en vivo como en LP) The Path Through the Green Forest, siete minutos de auténtica alucinación paisajística, flotabilidad grungera hecha hard psych, la clavada más asesina de la colección sin un ápice de duda. Que sigan caminando por este preciso sendero del bosque verde, porque es aquí donde se les nota sobrados, como los verdaderos alumnos aventajados que tiene pinta de ser.

Se despidieron categóricamente con lo mismo con lo que saludaban en el álbum, Woodsman. Al final de la noche, acabó resultando incluso tranquilizador que se les transparentara una suerte de nerviosismo adolescente mientras tocaban; si a estas alturas de sus carreras ya ostentaran tanta seguridad sobre los escenarios como dentro del estudio de grabación, vaticino que 1886 estarían rodando por el mundo, quemando bares y violando a adolescentes en menos de lo que tardaba un joven Robert Plant en despechugarse. Por ahora, continúan invocando espíritus de apaches caídos en batalla, en busca de un alma más propia, más definitiva y más precisa. No recomendaría a nadie que los perdiera de vista; podrían encontrarla en cualquier momento. Va en serio.


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