SHUT YOUR MOUTH AND LET YOUR MIND DO THE TALKING

10/7/15

MUSIC: Un día en el Primavera Sound 2015: lo importante es posturear

Welcome to DEATHCAMP. Tyler, the Creator, la mosca cojonera, rebotando entre las paredes del Pitchfork, más arrolladora, apasionada
y adorable de todas las que hubo el 28 de mayo en el Primavera Sound 2015. Fotografía de Dani Cantó, via Primavera Sound
Postureo, postureo everywhere... Ya me habían avisado, se vienen haciendo chistes sobre el tema desde tiempos en los que al Cola Cao le salían grumitos y el Turbo era todavía poco más que una fantasía en la mente de algún niño alemán loco que casi muere intentando pasar el reto de la canela. Pero yo soy de ciencias, y necesitaba vivirlo en mis carnes antes de formular cualquier tipo de principio con pretensiones universalistas. Tras un mes de maceración teórica, y procurando destilar la poca benevolencia que supura de ésta úlcera indie-escéptica que tengo por encéfalo, se confirma por fin: el Primavera Sound tiene más escaparate y más franceses que un agosto en El Corte Inglés de Plaza Cat. Sin embargo, es lo único hasta la fecha que ha logrado programar dos visitas oficiales al Reino de España (la última el pasado 28 de mayo dentro de su decimoquinta edición) de Tyler, the Creator. Así que todo el mundo a lavarse la puta boca con agua y jabón antes de hablar mal del Primavera; se gasta más una en comer una semana que en una entrada de día, ¡verídico! Quejarse por vicio...

Que si la peor edición de su historia, que si vaya 15 aniversario más triste, que si lleva en decadencia desde 2009... Anda, ¡a llorar a Jerusalén! No se puede tener todo en ésta vida; Tyler, the Creator accede a dejarse ver 40 minutos seguidos por Españistán y encima lo queréis a buen precio y sin tener que patearos la Gran Muralla Catalana entre escenario y escenario. Y lo próximo qué será, ¿alfombras voladoras para la gente bajita y poder manifestaros pacíficamente frente al Senado? Qué os pensáis que es esto, ¿Finlandia?

Los horarios están hechos con más mala baba que el abre fácil del salami, sí, y entre un concierto que valga la pena y otro se podrían ver completas las 6 temporadas de Los Soprano, también. Luego, es igualmente cierto que la polución publicitaria del Primavera Sound sólo es equiparable a la de la Super Bowl, y que en Callejeros Viajeros he visto Full Moon Parties con menos guiris puretas que en el festival en cuestión. Mención a parte merecen las hipster-embarazadas y hipster-papás y hipster-mamás... Como para darles un guantazo con la mano abierta y quitarles la custodia/practicarles abortos express al aire libre. A ratos sufría más por sus hijos/fetos que ellos mismos. Consejito para las parejas modernis que practican peregrinajes anuales a Tierra Primaveril y estén pensando en formar una familia: o ser unos treinta-teenagers o procrear, las dos cosas a la vez NO. Si queréis recuperar vuestra inexistente vida social, apuntaos al AMPA y dejad de aguarle el festi a la gente que sabe usar métodos anticonceptivos, coño.

Y nada de esto es por criticar, ¡eh!, pero se pueden montar instalaciones acústicas mejores con un cucurucho y los auriculares que regalan en la Renfe que las del Primavera. También un saludo cordial al brillante individuo al que se le ocurrió colocar los dos escenarios más grandes en frente el uno del otro. Mi sentido arácnido me dice que tu plato favorito debe de ser el bocadillo de pan, así que todo correcto; una decisión en tu línea de estulticia, vamos.


Me informan además de que los servicios de limpieza recogieron durante ésta pasada edición del Primavera Sound un 73% más de canas que de vasos de cerveza, dato que explicaría el notable olor a naftalina que impregnaba el ambiente. ¿Y lo de por qué todo el mundo se vistió tan mal? Ni idea, pongamos una desidia generacional creciente, arraigada en la difícil coyuntura económica contemporánea, como excusa barata cualquiera para pasarse la vida en sudadera. Pero oye, la climatología respetó, y tres artistas de rap (Tyler, Run the Jewels el viernes y los tajantes, brillantes y fanáticos Sleaford Mods el sábado) en un festival con un cartel de más de 100 durante uno de los años más estelares, regeneradores y prolíficos de la historia del género... Ole, ole y ole, señores organizadores del Primavera, a ver si el año que viene hacemos los deberes y dejamos a los Black Keys peleándose en su casa y a Julian Casablancas donde sea que no moleste, ¿vale? Venga, de nada.

Benjamin Booker, estructura ósea facial privilegiada y alquimista del blues y del punk, intentando llenar el espacio del Heineken.
Fotografía de Carolita, via Carolita Photos
Fotografía de Paul Hudson. Via My Gig Reviews
Pues a eso de las 20 horas pisamos territorio indie por antonomasia, el Primavera Sound 2015, Parc del Fòrum de Barcelona, ciudad que besa el mar. Nos orientamos por el lugar siguiendo las concentraciones de ingleses semidesnudos hasta llegar a la entrada principal del recinto. Foto delante del famoso letrero. Pulserita, tarjetita, mapita y para el Heineken que bajamos.

Me sabe un poco mal haberme perdido todo lo que pasó entre las 16h y las 20h, pero es que aquella tarde en concreto tenía más sueño que ganas de descubrir talento alternativo del panorama nacional e internacional, así que nos propusimos salir justos para el set del guapo de Benjamin Booker.

Cuando llegamos, me pregunto si aún sigo en el PS o alcancé Marrakech. O por lo que se oía, quizás un barrio punk de Nueva Orleans, la ciudad de procedencia musical de Booker. Nacido en Virginia, criado en Florida y explotado en Louisiana, si algo no se le puede negar a éste muchachito es que ha mamada el Sur de ídem a norte. Me entra la risa tonta leyendo al moderneo periodístico patrio, que califica la voz de Booker en términos de "bluesman que se fuma 3 cajetillas de tabaco al día" y cursilerías rock desfasadas por el estilo; la garganta de Booker no es más punky ni más garage ni más Surfin' Bird porque, por desgracia para él y por suerte para el resto del planeta, nació negro, y aunque le ponga muchas ganas y buena voluntad, jamás podrá negar esa profundidad melosa que le otorga genéticamente la melanina en su piel.

Logramos plantarnos en un sitio del ala oeste a mitad de Always Waiting, perteneciente a su debut homónimo Benjamin Booker (2014). La energía, la rabia, la actitud desinteresadamente desafiante, como diciendo, "qué pasa lechosos de mierda, los negros también podemos cantar mal, si queremos", todo estaba ahí, aunque nunca llegaba a ser 100% subversivo, como sucede con el punk blanco; la suya es música que desata y arraiga sincronizadamente, un sentimiento sonoro relativamente inovador. Le cuesta un buen rato hacerse al espacio; sobra medio escenario y falta volumen, cuatro paredes y un techo que compriman su furia y la hagan rebotar, magnificándola por efecto. Encarrila hacia el final (Wicked WatersViolent Shiver, Have You Seen My Son?), pero mató con una distintiva versión, acompañada de fiddle gracias a su bajista Alex Spoto, del Falling Down Blues que suele atribuirse a los coetáneos nacidos en Mississippi y criados en Tennessee Robert Wilkins y Furry Lewis, apreciada por el propio Booker vía Ramblin' Jack Elliot

Jamás me cansaré de recalcar el valor, en particular para un artista emergente, de colar un par o tres de covers durante sus apariciones en vivo; ¿cómo si no va a saber la peña a qué atenerse? Los americanos sí que venden bien sus credenciales y honestidades, no como unos cuantos conjuntitos musicales de aquí, que tocan en la fiesta mayor del pueblo y ya se creen Radiohead, demasiado por encima del bien y del mal para emular. Así que, en definitiva y un poco por azar, no podía haber escogido una forma mejor (ni más inusual, dado el contexto) de empezar mi primer Primavera Sound.

Benjamin nos instó, antes de despedirse, a acercarnos al escenario Primavera para ver a The Replacements, pioneros americanos del rock alternativo y banda-que-se-reune de turno del festival. La aclamación de la indie-crítica ha sido casi unánime con respecto a su despliegue del 28 de mayo, y como yo sólo sé que no sé nada, únicamente diré que gracias por la intro con el anteriormente citado Surfin' Bird the The Trashmen (guiño a la voz del aprendiz Booker, seguro) y por la versión de Maybellene de Chuck Berry. Pero lo mejor: toparse con Benjamin Booker nadando muchedumbre a dentro a medio show de los Replacements. Qué divertido todo.

Reverencia a Antony, sus Johnsons y a la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya. Fotografía de Eric Pàmies.
Via Primavera Sound
¿Sobre la actuación de Antony & the Johnsons, de nuevo en el Heineken? Poco puedo comentar que entre en desacuerdo con las conclusiones alcanzadas tanto por la indie-crítica como por cualquier mindundi que, aquella noche, tuviera el privilegio de presenciar un fenómeno milagroso e inconmensurable como es Antony junto a la Orquesta Sinfónica de Barcelona. De todas maneras, mis humildes pensamientos a propósito del mismo tampoco podrían ir muy allá; lo que dolió darse cuenta de que los dos únicos conciertos en los que estaba premeditadamente interesada de ésta primera jornada del Primavera Sound (Antony y Tyler, the Creator) coincidían de pleno...


Admito que tenía a mi amiga Antony Hegarthy un poco olvidada desde su último trabajo de estudio, Swanlights (2010), pero le salió barato (un Thank You For Your Love y un Ghost), el reconquistarme. Antes de eso, nos intentó desquiciar durante unos 20 minutos con una bailarina andrógina, enfundada en un traje fantasmal, que se contorsionaba al son de la brisa marina. Por fin apareció ella, arropada por la imaginería kabuki en una inmensa pantalla tras de sí. Presentó algo nuevo (4 Degrees) y algo viejo pero que me atravesó el corazón, su clásico Cripple and the Starfish. Con los solemnes aplausos a ésta última ya nos tuvimos que ir yendo, no sin acordarnos de las madres que parieron a la gente que hace los horarios del PS. Antony, bonita, estás en mi lista de cosas que ver con propiedad antes de morir. Resérvate otro I Fell In Love With A Dead Boy para cuando ese día llegue.

Costó lo suyo sortear aquella marea de embelesados; alguno que otro incluso se molestó en bajar la cabeza para dedicarme una mirada de "hay que ser ignorante para irse de aquí ahora...". Y yo pensé, "uf tío, no lo sabes tú bien, ¡hay que ser ignorante hasta la médula! I JUST DO IGNORANT HOODRAT SHIT WITH ME AND MY N¡GG@Z IN THE FUCKIN MALL, ODD FUTURE WOLF GANG!!!" Primera fila y 20 minutos para que Tyler, the Creator aterrice en el escenario Pitchfork, con suerte sin romper, incendiar ni ofender a ningún colectivo minoritario de derechas en el intento.


Y así empezó todo; primero Taco, después Jasper, y (en sus propias palabras) directamente salido del retrete, ¡ta-ta-ta-cháaaaaaan! Damas y caballeros, niños y niñas, adolescentes vírgenes o sexualmente frustrados por fealdad/timidez del mundo occidental, con todos ustedes al fin, dediquen un fuerte aplauso a... ¡¡¡TYLER a.k.a. Dr. TC a.k.a. Tron Cat a.k.a. Wolf Haley a.k.a. Ace, THE CREATOR!!! "THREE ICY ASS N¡GG@Z FROM ODD FUTURE DOIN SOME CRAZY SHIT!

Disparo la primera carcajada antes de que Jasper acabe de pronunciar ICY ASS. Me sale como irremediablemente, tal cual tuviera dentro un abejorro chocando nerviosa y errantemente contra las paredes de mi cavidad bucal, en busca de un orificio que comunique con el exterior. Rememoro así mis primeras escuchas de Bitch Suck Dick y del álbum que la incluye, Goblin (2011). El conflicto artístico-moral interno fue vitalmente remarcable, en aquel momento; ¿debía partirme la caja sin remordimientos o dejar que su desvergonzada letra ofendiera mi condición de mujer? Lo primero no es algo que, si consigue inspirarse, pueda ser controlado a discreción, y lo de ofenderme por palabras, que se las lleva el viento, hace tiempo que dejé de practicarlo. Así que mejor no ir contra natura; me río de la tremenda y semiconcienzuda sátira que realiza Bitch Suck Dick a las musas del hip hop clásico: dick bragging, bitch bashing y money worshiping. Como el mismo Tyler diría más tarde aquella noche, durante Tron Cat, "You n¡gg@s rap about fucking bItches and getting head/ Instead I rap about fuckinng bitches and getting head". 

Elegirla como entrante de show es tan temerario como obvio. Pareció que quería retar al público, cribar y quedarse sólo con los más fuertes; si no puedes aguantarlo en éstas, asistente-al-Primavera-Sound-medio, mejor vete a otra parte, donde sea que tu absurda corrección política no se sienta amedrentada. Omite los cuatro siguientes versos del tema, quizás porque Tyler ha madurado desde su último y primer paso por el Primavera Sound en 2011, y ya no tiene tantas ganas de ensañarse como antes, cuando la rabia insolente de su juventud, contra aquellos que pensaron que nunca llegaría a lo más alto, aún picaba por fresca. Me quedé sin el último de Jasper, favorito absoluto del tema, pero bueno, prosigamos.

"WAT DAFUQ IZ UP PRIMAVERAAAAAAAAAA?", nos pregunta por primera vez. Y no sería la última, como buen huésped musical que es, uno de los más hospitalarios que yo haya conocido, a pesar de lo que pueda pensar Bill O'Reilly. Se tiene que poner cómodo, dice, y se quita los pantalones negros para ponerse una especie de bermudas/bañador amarillo, a juego con su camisa de llamas del videoclip de FUCKING YOUNG/DEATHCAMP, como todos los fans se apresuran a contrastar al instante. Nos presenta a su beautiful friend Jasper, el tío más cenutrio pero relevante y adorable de la historia de las personas cenutrias pero relevantes y adorables. Estuvo ahí a full, dándolo todo, haciendo bulto y coreando los ad libs para Tyler. También introduce a su DJ Tacoooooo, otro empanao for life sin el que Tyler no se sostendría, motivo suficiente para adorarlo. Dice que tiene una canción muy divertida para empezar, que dice así:

"UM, EXCUSE ME MISTER, BUT CAN YOU PLEASE TURN DOWN THE LIGHTS? I DON'T REALLY LIKE ALL THIS CAMERAS, MAN, AND THIS SHIT JUST DON'T FEEL RITE, AND I DON'T REALLY WANNA BE RUDE TO YOU, SIR, BUT FUCK YOU MEAN I CAN WEAR MY HAT IN HURR? AND YOU GOT MY FUCKED UP IF YOU THINK I CURR, N¡GG@!"

Tyler con cara de fuck you mean I can't wear my hat in here. Fotografía de Dani Cantó, via Primavera Sound
A parte de que me voy a hacer una camiseta con la frase en negrita, pienso en lo que hubiera sido de mí si Tyler, the Creator y toda la buena gente de OFWGKTA hubieran existido y sido descubiertos, pongamos, cuando tenía 13 años. Probablemente me hubiese explotado el clítoris antes de saber siquiera lo que era eso. Hubiera convulsionado de felicidad al oír a un negrito secucho con camisetas de gatitos berrear un montón de disparates que siempre quise articular y, sin embargo, jamás supe cómo; la penosa diatriba del adolescente que se crió entre los algodones de doble filo de la era tecnológica, sempiternamente dispensado del lado áspero de la vida, bajo el ala sobreprotectora de los estados del bienestar, con su educación pública, gratuita y uniformista, sus comidas calientes 27 veces al día, sus psicólogos infantiles y sus Audisprays Junior. La generación mejor formada para el éxito, la autorrealización y el placer de la historia de la humanidad, sin derecho a la amargura interior, sin legitimidad para los traumas ni la tristeza, que habrán de sobrellevarse como estigmas. ¿Cómo osamos ser infelices, teniéndolo todo? Preguntémosle a Tyler...

DEATHCAMP sí se esperaba como palanca de concierto. El ratio arco voltaico entre intérprete y público, sobretodo teniendo en cuenta los recursos técnicos disponibles (tres negros que no saben cantar, dos de ellos gilipollas y uno loco de poner camisa de fuerza, además de un par de MacBooks y un escenario con serias deficiencias acústicas) indicaba peligro nivel fisura en el reactor nuclear; el frenesí colectivo, la euforia desatada por los brincos, sacudidas, trances del patilargo Tyler Gregory Okonma y sus cánticos de autosuperación blasfema quedarán para siempre incrustados en mi memoria como el je ne sais quoi que fui incapaz de reducir a palabras del diccionario. Como enamorarte y desenamorarte por primera vez en menos de 40 minutos. Como volver a sentir lava disolviendo el colchón, llorar ácido cítrico sobre la almohada todas las noches porque uno de One Direction se ha rapado al cero, ¡y que tu propia madre encima piense que exageras...! Como si todo ardiera en llamas dentro de ti, como si el suelo que pisaras fuera un incendio cíclico de Peta Zetas. Como tener 13 años trece veces al mismo tiempo. No sé, como una puta pasada, tía.

La pequeña muchedumbre de fans se podía considerar casi alienígena desde la perspectiva del planeta Primavera Sound; una inmensa mayoría entre el pelotón de fusilamiento en el que me encontraba lucía pulseras de un solo día (no era difícil adivinar, sobretodo por la cantidad de vinilos con los que trajinaban, que muchos asistían al PS única y exclusivamente por Tyler), y tampoco me hacían sentir como una mocosa perdida en mitad de la playa; mucho más joven que la media del festival y, probablemente como consecuencia de ello, sin reparos a la hora de mostrar su sincero y desvivido entusiasmo hacia algo con lo que conectan. Nadie, repito, NADIE charlaba con el de al lado o mandaba WhatsApps mientras Tyler tuviera la palabra. Todos vinimos en el nombre de un amor platónico e irrealizable en común, y sólo por eso ya nos queríamos un poquito. 

Éste, el más apasionado, espontáneo e inexperimentado, es el tipo de masa que ha dictado tendencia en la música popular a lo largo del siglo XX; pandas de adolescentes mojabragas y mojacalzoncillos, efectivamente. ¿Alguien recuerda ver muchos yuppies de treinta y pocos en los shows de los Beatles, allá por los 1960s? CLARO QUE NO. Primavera Sound, ¿vas a dejar de ignorar reiteradamente al mayor motor propulsor de estrellas entre tu público o, por el contrario, seguirás besándole el culo a los fieles y aburguesados hipsters de siempre? Escoge devoción teenager de la buena, no te arrepentirás.

Y la fogosidad y buenrollismo de toda esta tropa era aún más encomiable si se sabía que, unas horas antes, en algún lugar indeterminable de Barcelona, Tyler twitteó algo ambiguo, medio insinuando que Odd Future, el colectivo artístico fundado por él mismo seis años atrás, adalid en la costa oeste de una nueva forma, más urbana y terrenal, de practicar el bello juego del arte, ya "no era más". Y la cosa pintó peor todavía cuando Earl Sweatshirt, otra de las cabezas más visibles del grupo, secundaba, en un tono igualmente ambiguo, las palabras de Tyler:



Horas más tarde, Tyler volvía a acudir a Twitter para explicarse y resarcirse del polémico twit, pero la duda ya estaba sembrada...


Estábamos teniendo el privilegio de asistir a la gira de presentación de Cherry Bomb (2015), último y tercer álbum del jefe (o ex-jefe) de facto de Odd Future, trabajo que, como mínimo, habrá de simbolizar un antes y un después en la personalidad artística del El Creador. Es posible que Cherry Bomb sea el primer exponente cultural contemporáneo que hace amago de indicar el camino hacia una nueva forma de madurar, concevida con una generación en mente que está habiendo de crear sus propias leyes de vida sobre la marcha, a falta de una tradición con la que poder identificarse. Ya nunca más dejaremos atrás todo lo que fuimos para vender nuestras almas al diablo, a cambio de un sueldo digno, una mujer, tres hijos y un chalet en las afueras; nuestro yo de hoy no deberá morir en favor de que, de entre sus cenizas, surja el adulto resignado al prosaísmo que, supuestamente, todos llevamos dentro. En lugar de eso, Cherry Bomb hace las maletas y se lleva todas las pajas mentales de Bastard (2009), Goblin y Wolf (2013) a un lugar mejor.

Así se demostró en el directo con los poquísimos temas (cuatro) presentados del nuevo CD. Mis apreciaciones de RUN (su comienzo sectario, acompañado de bailecito tribal, no tienen desperdicio alguno), aunque sobretodo de PILOT, dieron un giro de 360 grados, hasta el punto de atreverme a calificarlas de dos de los momentos álgidos del set. Jamás habría imaginado que ocultaran semejantes y pesadas personalidades; al lado de lapidarias como 2SEATER, SMUCKERS o THE BROWN STAINS OF DARKEESE LATIFAH PART 6-12 (REMIX) las veía en situación de clara inferioridad. Después del Primavera Sound, sin embargo, son dignas e incluso superiores rivales de las anteriores, reforzado ésto último por la falta de pretensión y grandilocuencia de las mismas. 

El espacio reservado a Goblin fue inferior, si cabe (dos temas). Lo de Yonkers, por una parte, me pilló totalmente desprevenida; pensaba que la repulsión que sentía Tyler hacia su tema catapulta e insignia era superior a sus ganas de agradar, pero no; nos hallábamos en un festival, y había que tirar de Greatest Hits, pesara a quien pesara. Odd Future también tuvo su momento en el Primavera, haciendo explotar el escenario con un medley de Tron Cat y Sam is Dead, originalmente en The Odd Future Tape Vol. 2 (2012) y a dúo con el ausente Domo Genesis. Supuso un conjunto de minutos interesantes, dado que un porcentaje importante de coreadores hubo de callar de pronto, intuyo que por desconocimiento total de las  letras. También se marcó un amago de Rella, instantes premeditablemente L-O-C-O-S.

Wolf dominó con distancia la sucesión de temas barcelonesa; Jamba, IFHY, Domo23, 48 y Tamale, interrumpida por el irrefutable single de Cherry Bomb, FUCKING YOUNG, para el que incluso cedió al público partes del estribillo. Ni tan solo sé con qué momento me quedaría, dado que los termómetros energéticos no bajaron ni una millonésima durante los 40 y pico minutos de circo. Quizás, eligiendo por elegir, escogería otro de los favoritos del público, IFHY, para el que Tyler me dedicó una intensísima mirada (sí, chicas que estabais a mi alrededor en el concierto de Tyler, lo siento, pero me miraba a mí).


Tamale para despedirnos me pareció sorprendentemente increíble; odio que se dejen una lenta para el final, así que muchas gracias. Por suerte, además, Tyler no dispone de un catálogo de baladas muy extenso...

Y se fueron. Tyler, the Creator y sus fieles secuaces desalojaron el lugar. Se despidió unas treinta veces de todos nosotros antes de abrir la cortina negra y dejarse desaparecer. También dijo que nos quería, sin darse cuenta de lo cruel que estaba siendo, porque el sentimiento jamás es tan exacto ni recíproco; nosotros le queremos por quién es, mientras que él a nosotros, solo por circunstancias.

Se me olvidó cómo hablar, ya estaba otra vez de vuelta en la realidad pureta del Primavera Sound. Qué depresión, pero gracias por convertirme de nuevo en un saco de hormonas radioactivo de 13 años. Tyler, the Creator, I fucking love you.

Fotografía de Dani Cantó, via Primavera Sound.
Fotografía de Dani Cantó, via Primavera Sound.
Lo que sucediera en el mundo post-Tyler nos importaba en ese momento cero coma, pero la noche era joven, habíamos pagado hasta las cinco y media de la madrugada y los cabeza de cartel estaban a medias de su bolo en la otra punta del Parc, así que va, vamos a ver qué se cuecen The Black Keys.

El """dúo""" Black Keys """unido""" para dar al Primavera el pistoletazo de salida que """se merece""". Fotografía de Pablo
Luna Chao. Via Indiespot
Creo que Too Afraid to Love You estaba pasando. De pronto, entran en Howlin' for You, una de las canciones más sexys, crudas, tralleras, nostálgico-contemporáneas y, en resumidas cuentas, perfectas en su uso popero del blues de la presente década. A mí me molan considerablemente los Black Keys, oigan. Algo tuvieron que ver las buenas migas que hacían con los Stones durante el 50 & Counting Tour, pero vamos, que en disco me parecían un pepinarraco de grupo... Hasta un fatídico 28 de mayo de 2015... Ai, qué dolor... Aunque me muero de ganas, no voy a cebarme con la parejita; soy consciente de que no atraviesan su mejor etapa artística, interpersonal ni personal, los de Akron, Ohio. Y llamémoslo parejita por no llamarlo otra cosa; casi se podía organizar un campeonato de petanca en el espacio físico y emocional que dejaban entre ambos, los antaño Brothers Dan Auerbach y Patrick Carney. Desganados, aplatanados, lentorros, asincrónicos, sin sangre, perdidos y errados cada dos por tres... Nadie daba crédito. Ya me pareció altamente sospechoso lo muy poco que tardé en adelantar filas y posicionarme en un hueco ideal y sin estrecheces, ¡y en mitad de espectáculo! ¡El público prácticamente te cedía su sitio! Estaba disperso, mirando para los lados, parloteando como si se encontraran en el bar musical de debajo de casa, tomando una birra con el grupo de rock sin esperanzas que ponen de regalo con la primera consumición. ¿Eran éstos los mismos Black Keys que, un par de años atrás, lo petaban around the world?

El Turn Blue (2014) me convence todavía menos en directo, y poniendo mucho, muchísimo de nuestra parte, logramos que con Lonely Boy, hito generacional (no sé ahora, pero en algún momento de su escueta historia lo fue) por derecho propio, se motivaran un poco. Y en Little Black Submarine no comprendo exactamente lo que sucedió, pero hubo algo de magia... Como dice el refrán, mejor en la última canción que nunca. Recuperaos pronto, chicos. Más Just Got To Be y menos pelearse con Jack White, venga, hasta la próxima.

James Blake, el encantador de escépticos inglés. Fotografía de Pablo Luna Chao. Via Indiespot
Otro que me arrepiento un poco bastante mucho de haber dejado con la palabra en la boca es a James Blake, el Roger Waters de la electronica, un finolis de clase media con pinta de que se aburría mucho en el cole de pequeño porque nadie comprendía su temprana genialidad, o algo así. Me llevaba una camiseta que ni el más memorable de los pijamas que te haya regalado tu tía abuela por Navidad; se ve que el chico se interesa por lo que acontece en el mundo de la moda, aunque no ha pillado el detalle de que se está más por el traje de cama rollo presidencial años 1950, camisa en poliéster o satén con cuello V muy bajo. Si se lo mira fijamente a los ojos, se trata de un tipo que parece tener 13 años y coleccionar sellos.


Me dan un poco de rabia estos británicos (casi siempre londinenses y usualmente blancos) a cuyo arte se le concede una suerte de licencia racial para evocar/reinventar/tergiversar/fusilar, llámalo X, la música negra estadounidense y quedar de visionarios, como si hubieran salvaguardado a la humanidad de la ceguera cultural o descubierto un continente. Mientras, los auténticos creadores y pioneros tiznados son simplemente aplaudidos por ser los estupendos entertainers que, biológicamente, se espera que sean. El fenómeno viene de tan lejos como los Rolling Stones en sus púber y bluseros inicios; si lo canta Mick Jagger, un niño de mamá del sur de Inglaterra, revolucionario; si lo hace Howlin' Wolf, palmadita en la espalda por haber sido el primero, y ¡ale!, vuélvete a la plantación a seguir tocando la tabla de lavar, que queda más romántico que si empiezas a cobrar los royalties que te mereces. Si lo hace James Blake, con su cara blancosa y su mirada de mundo interior profundo y complejo, rompe moldes. ¿Si es Frank Ocean? Bueno, qué quieres, lo lleva en la sangre, era esto o jugador de la NBA, porque a vocalista de extreme metal no se iba a meter, ¿no?

Y de ahí que le tuviera un poco de tirria al pobre Blake, incluso antes de conocerlo a fondo. Pero con su set del Primavera Sound, por el que esperé diligentemente tras disiparse el bochorno de los Black Keys, me propinó un zas en toda la boca merecidísimo.

Su presencia escénica es tan asombrosamente frágil y delicada que, por algún extraño mecanismo lógico, se vuelve abrumadora. En vivo suena mucho menos etéreo y evasivo, un poco más terrenal, y con delimitaciones aún nubladas, fluidas, pero definitivamente más palpables. Su directo, a diferencia del álbum, se labra un considerable éxito afectando físicamente, dejando caer sobre cabeza y hombros del oyente cada golpe de sintetizador. Y la voz de este James Blake es de las cosas más espumosas, perturbadoras y punzantes que quedan vivas actualmente.

Lo bendije a la primera, que se ve que también era lo primero que había hecho en su carrera, el muy puto amo: Air & Lack Thereof, de las mejores cartas de presentación que me hayan puesto delante nunca. Limit To Your Love, célebre versión de Feist, Overgrown y Life Round Here, para la que ya me estaba muriendo seriamente en la cruz, así que lo abandoné por JUNGLE. I Never Learnt to Share removió mis intestinos por dentro, y llegué a entrar en un breve trance que casi me obliga a adoptar su letra como mantra vital. En mi habitación por fin, a las 6 de la mañana, se me caía la cabeza de sueño, pero tenía que picar My brother and my sister don't speak to me, but I don't blame them en Google. Cómo me arrepentía de no haberme quedado hasta el final... James, monada, te veo pronto. Y vuélvete al Sónar; en el Primavera huele demasiado a rancio para ti.

JUNGLE, promesa del electro-pop-soul y auténtico punto final de la primera noche del Primavera Sound 2015. Fotografía de
Pablo Luna Chao. 
Via Indiespot
Pero mira, es lo que pasa cuando vas a un festival con semejantes distancias horizontales, que te da complejo de Dios y quieres ser omnipotente y verlo todo porque estás en todas partes. También fue por cambiar de escenario, que estábamos un poco rallados del Primavera y el Heineken; probemos el Ray Ban antes de irnos. Los temas de JUNGLE no me habían causado gran conmoción en formato álbum, aunque sus vídeos eran cojonudos, la verdad (sólo hay que echarle un vistazo al de The Heat), pero una voz experta y muy de fiar me insistió acerca de ellos. Todo se tornó mucho mejor de lo esperado; en vivo, eran una gran explosión de batido de soul, funk, disco, rock y electronica con sirope de pop bailongo. Nada muy nuevo bajo el sol, pero tremendamente bien ejecutado. Time fue nuestra despedida consciente del Primavera Sound. Y vaya una despedida fue, chicos y chicas.

Ya para matar el día, estuvimos haciendo pinball una hora y pico entre Andrew Weatherall en el Ray Ban y Roman Flügel en el Pitchfork, cada cual más electrónicamente menospreciable; entre el público, parecía existir una especie de competición secreta para ver quién ponía la mejor cara de estar aburriéndose como Stevie Wonder en un puto cine al aire libre. Primavera, revisa esos planes de after hour para la edición siguiente, porque he visto bingos con más animación en geriátricos. Ai, pobres puretillas, que se creen que tienen 25 años todavía, y los cuerpos no son lo que eran... ¡Hora de irse a dormir!

Finalmente, salimos a pillar un tren/bus/algo que nos acerque a casa antes de que salga el sol. Estamos contentillos, con algo de pena por lo rápido que ha parecido pasar todo, aunque, definitivamente, no debido a las bondades del celebérrimo Primavera Sound 2015 en sí, sino más bien a lo que, por casualidad, había dentro. Sin embargo, consideraría repetir un PS a lo largo de mi vida, más que nada con la intención de corroborar que, ciertamente, me estrené con la peor edición de su historia, y que, usualmente, la cosa rula mucho mejor. Digamos que el Primavera Sound, cuando no la ha fastidiado un poco, me ha aportado 0,0 de sustancia al disfrute de mis experiencias con Benjamin Booker, Antony & the Johnsons, James Blake, JUNGLE o, muy especialmente, Tyler, the Creator. De todas formas, Primavera Sound, te doy crédito por habérmelos presentado. Felicidades por esos 15, y no te preocupes demasiado; la edad del pavo se pasa, y el postureo dejará de parecerte tan importante algún día, you'll see.

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